La irrupción de la IA en la fotografía. Sobre el concepto de Autoría

Autor: Manuel Ibáñez

Durante un fin de semana de Mayo de 2025, algunos profesores de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Soria realizamos un curso sobre IA aplicada al diseño y a la imagen en las instalaciones de la escuela.

Cerca de finalizar el curso, el ponente introdujo una reflexión que me llamó la atención. Comentó que la IA abría un debate acerca del concepto de autoría en el arte y más concretamente en la creación de imágenes. Me pareció que el ponente hablaba convencido, como si fuera realmente la primera vez que ocurría esta circunstancia en el mundo del arte, lo que me llevó a pensar que podía escribir un artículo dedicado a los alumnos de la Escuela de arte para poner en contexto aquella acertada afirmación por un lado y, por otro lado, muy poco novedosa.

Aunque parezca que estamos descubriendo que la IA provoca una crisis en el concepto tradicional de autoría en las obras de arte visuales, nada más lejos de la realidad, puesto que en la esencia de la contemporaneidad, la cuestión de la autoría ha estado siempre en entredicho. Desde principios del siglo XX, con la irrupción del surrealismo y las primeras vanguardias se comenzó a cuestionar la relación institución-arte. Con movimientos surgidos de aquellas vanguardias como el Dadaísmo comenzaron a surgir las mismas preguntas que hoy nos hacemos: ¿es esto arte?

Marcel Duchamp nos hizo reflexionar tomando objetos industriales ya construidos dotándolos de otro significado, como su famoso inodoro. La palabra clave para comenzar a entender estos procesos no surgieron de las posibilidades de la tecnología, como nos quieren hacer creer hoy en día, sino de reflexiones conceptuales más profundas que afectaron a todo el movimiento artístico. La tecnología (perfeccionamiento de reproducción de las obras artísticas, cámaras, objetivos y software que han mejorado notablemente los procesos de captación y procesado de las imágenes, y finalmente las redes sociales) ha ampliado las capacidades, expectativas y posibilidades para entender y crear arte.

La palabra clave, donde convergen cambios tecnológicos y cambios de paradigma conceptuales en la manera de entender el mundo que nos rodea desde un punto de vista artístico en distintos marcos espacio-temporales durante un siglo es apropiacionismo: que se basa en la apropiación de elementos creados por otros y tomados para la creación de una nueva obra. 

Para explicarlo nos centramos en cuatro ejemplos concretos a fin de visualizar lo que intentamos explicar referente al concepto de autoría.  Nos dejamos también  atrás excelentes ejemplos como el de Larry Sultan y Mike Mandel con su trabajo Evidence, uno de los primeros trabajos en abrir el camino a la apropiación:

  1. Richard Prince y El hombre Malboro. El término apropiacionismo fue acuñado por el crítico de arte Douglas Crimp, quien organizó la exposición Pictures en Nueva York en 1977,  a la que invitó a artistas como Cindy Sherman, Richard Prince y Sherrie Levine, quienes no trabajaban con imágenes originales, sino que se apropiaban de las de otros autores para reinterpretarlas desde su punto de vista.

El hombre Malboro nace de una campaña publicitaria creada a comienzos de la década de 1950 para publicitar una marca de cigarrillos. Esta serie lo hizo brillar en el mundo del arte y sigue siendo objeto de interés tanto para críticos como para entusiastas. La campaña de El hombre Marlboro, de mediados de los 70, consiste en fotos refotografiadas de antiguos anuncios de cigarrillos Marlboro que presentaban a vaqueros masculinos en paisajes magníficos.

En su versión, Prince elimina todo el texto y las etiquetas, dejando solo la figura singular del vaquero. A través de la selección de estos símbolos arquetípicos del rol masculino estadounidense, Prince permite que los espectadores reflexionen sobre la creación de la identidad y el papel de las imágenes en el proceso de conformar una cultura.

 

La decisión de Prince de apropiarse de los anuncios de Marlboro y despojarlos de su marca fue un movimiento audaz que desafió las nociones convencionales de copyright y la propiedad en el mundo del arte. Este acto de transformación resalta el poder de la intervención artística en la reconfiguración de artefactos culturales.

La serie Marlboro Man de Prince ha tenido una profunda influencia en el arte contemporáneo, inspirando a generaciones posteriores de artistas a explorar temas de apropiación, consumismo e imágenes de los medios masivos en su trabajo. Estas imágenes hace sólo 15 años se vendían por varios millones de dólares. Más recientemente, Prince ha realizado series donde se apropia de imágenes de Instagram que encuentra en perfiles abiertos, vendiendo por noventa mil dólares cada imagen. 

  1. Sherrie Levine y su obra: After  En 1936, Walker Evans fotografió, en Alabama, a los Burroughs, una familia de aparceros enormemente empobrecida en la era del Dust Bowl. Sherrie Levine, en 1979, volvió a fotografiar las fotografías de Walker Evans publicadas en el catálogo de la exposición First and last y las presentó en 1981, en la recién inaugurada Galería Metro Pictures de Nueva York. Levine tomó fotos de las imágenes del catálogo de Evans y las presentó en la Metro Pictures.

Este robar/tomar prestado fue una genialidad para generar una pregunta muy concreta: ¿es su trabajo el mismo que el de Evans u otro diferente? Como toda gran obra hoy, no termina sino que continúa una vida propia. En 2001, el artista Michael Mandiberg escaneó de nuevo las fotos de Evans creando un sitio web que permite descargarlas con su certificado de autenticidad.

Sherrie Levine refotografiaba reproducciones de las imágenes originales sin hacer ninguna alteración más que, en algunos casos, un leve reencuadre. Levine indicaba, además, la procedencia de dichas imágenes en el título de la obra (Después de …), para asegurarse de que su fotografía remitía a otra instancia en términos de autoría, de la que ella era únicamente el último eslabón.

  1. Cristina de Middel y su obra en modo fotolibro Party. Concebido después de un primer viaje de su autora por China en 2012, y construido sobre la base del pequeño Libro Rojo de Mao Tse Tung, se utiliza un juego de palabras, de formas, de sentidos, que acaba siendo mucho más que un juego. «Decidí adaptar esta declaración política histórica a los tiempos modernos censurando y ocultando las partes del texto que ya no están en vigor y recalcando algunas otras frases rediseñadas que, para mí, forman un retrato más exacto de la República Popular China en el siglo veintiuno «. Así crea frases descontextualizando su significado respecto al texto original y las relaciona con imágenes encontradas en internet utilizando distintos grados de iconicidad semántica para crear un relato sobre la China actual.

A comienzos del siglo XXI aparece la imagen digital, que podemos construir a coste cero y esto nos lleva a una proliferación de la imagen tan brutal que algunos comienzan a trabajar con el concepto del fin de la imagen puesto que ya están todas hechas. Sin embargo, este concepto no es nuevo; podemos rastrearlo durante las primeras vanguardias. Man Ray tomó en 1929 Mi última fotografía, una imagen que colapsa toda la historia de la fotografía; todas las imágenes están aquí y no está ninguna. Pero no es sólo una idea que confluye en la fotografía, sino en el arte en general. Así, Magrit, un año antes, pintó La imagen perfecta; de nuevo una imagen completamente negra. Esta idea de haber llegado a un límite, a una excesividad de las imágenes es lo que caracteriza al mundo de la imagen hoy. 

Por otro lado, no sólo existe una excesiva cantidad de imágenes, sino que la accesibilidad es casi infinita gracias a las redes sociales. Millones de imágenes se descargan en las plataformas digitales mientras que nuestra capacidad de verlas, estudiarlas y aprender de ellas es infinitamente menor. Es la paradoja que caracteriza a nuestro tiempo desde hace años, el tiempo de la postfotografía según Joan Fontcuberta. Sin embargo, esta característica es utilizada por creadores visuales como Cristina de Middel para construir obras originales y sugerentes, inventando nuevas historias mediante la apropiación de imágenes realizadas con un determinado fin y dotándolas de nuevos significados para crear nuevas historias. Podemos hablar en este caso de una evolución del apropiacionismo donde ya comenzamos a hablar de la adopción de imágenes. La adopción es un acto público y consciente, una declaración de elección y selección de una imagen preexistente,

  1. Con el trabajo de de Middel volvemos a hacernos la misma pregunta que hace 50 años y la misma que el profesor del curso sobre IA aplicada al diseño y la imagen se hace: ¿quién es el autor final de la obra de arte visual?

    El cuarto ejemplo, es de Albert Gusi y su proyecto Intrusos, realizado en 2010: Una cámara nocturna para el registro de osos en un parque natural. Su sensor detecta osos y muchos más animales. Al autor del estudio de conservación de la fauna del parque sólo le interesan las imágenes de osos, por lo que desecha el resto. Pero para una mente creativa esas fotos son las más interesantes, pues representan a intrusos que se cuelan dentro del cuadro. Aquí, existe una reflexión sobre el concepto de autoría : ¿quién es el autor? En realidad el autor es el que da valor a la imagen.

Estas características propias del siglo XXI hacen necesaria una revisión de la teoría de la imagen, y a su vez  es necesario también que se implementen ajustes en la metodología con la que los docentes nos enfrentamos a la enseñanza de la cultura visual. Nuestra relación con las imágenes necesitará también ajustes respecto a cómo estas nos sirven y cómo median entre nosotros y el mundo. La IA ha venido para quedarse por lo que no hay que temerla, ni mucho menos menospreciarla. Debemos verla con perspectiva en un proceso histórico de cambios y aportaciones en el mundo de la imagen, no sólo tecnológicas, sino conceptuales. Aportaciones que se suceden en el tiempo y que siempre suman. 

Estas y otras muchas cosas están ocurriendo en fotografía y es nuestro deber como docentes estudiarlas y saber comunicarlas, para que los trabajos de nuestros alumnos se enriquezcan con nuevas sensibilidades procedentes de las aportaciones de aquellas personas que trabajan en la vanguardia de la creación visual.

Fdo: Manuel Ibáñez

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