Sobre la Fotografía de Calle.

Autor: Manuel Ibáñez

Esta es una reflexión acerca de la fotografía de calle, según mi experiencia como fotógrafo, dirigida fundamentalmente a estudiantes. Nunca me interesó la fotografía, hasta no hace demasiado tiempo. Ahora creo que entiendo el motivo de aquel desinterés que no es otro que nunca me interesó la fotografía como documento o memoria. Identificaba la fotografía por su capacidad de mostrarnos fielmente una realidad cercana o alejada con el fin de mostrarnos historias a las que no teníamos acceso desde nuestra experiencia física. Si no eras un estudioso del tema, la fotografía que se hacía en España, no invitaba a un mayor acercamiento, heredera de la tradición de José Ortiz Echagüe, salvo excepciones puntuales agrupadas en torno al grupo Afal y que sólo conocían los ya iniciados.

Ahora estoy seguro que mi interés por la fotografía surge cuando tomo conciencia que la fotografía no sólo documenta, sino que puede emocionar como lo hace un buen libro, una pintura o una escultura. Así que, fruto más del aburrimiento que por un interés concreto, me apunté a un taller de fin de semana con el objetivo de saber manejar las ruedecitas de mi cámara réflex pentax que tenía uno de los primeros sensores digitales del mercado, con la que hacía informes periciales de grietas y humedades para los juzgados. Eso ocurrió a mediados de 2013.

A partir de ese momento, la fotografía y yo nos hicimos inseparables. La mayor parte de mi tiempo lo dedicaba a patear la ciudad para fotografiar a mi manera aquello que me interesaba, tal y como Paul Graham lo explica en un formidable texto de 2011 para la graduación del master de fotografía de la universidad de Yale y que, ahora como profesor, leo a mis alumnos el primer día de clase. Tras el paseo fotográfico, no eran pocos los días que me quedaba varias horas por la noche revelando digitalmente las mejores fotos del día. Nunca me convencieron aquellos consejos de talleres a los que iba donde todos me decían que las fotos había que dejarlas reposar con objeto de alejarnos emocionalmente de las mismas, aunque entendiera el motivo de tal consejo. Me hacía feliz la impaciencia que sentía por ver las imágenes en el ordenador para comprobar si se veían igual que las imaginaba cuando las tomé.

No fue hasta un par de años después, cuando tomas conciencia de una cuestión aún no resuelta, a mi parecer cuando empiezas a mostrar tus fotos a otros. Muchos comienzan a etiquetarlas como fotografía de calle, Street photography, incluso como Street view por algún visionador de prestigio despistado. Yo pensaba entonces, como ahora, que si alguien puede etiquetarme debería hacerlo como fotógrafo a secas. Comunicadores de prestigio clasifican la fotografía de calle como un subgénero de la fotografía documental y qué decir sobre su definición, no puedo estar más en desacuerdo con los cientos de definiciones que he leído, la mayoría de las cuales se atreven a decirnos a los demás que es fotografía de calle y qué no es. Esto en parte se debe a que cierta fotografía, muy popular en redes sociales ha derivado en un tipo de fotografía insulsa y efectista que cuenta poco acerca del autor, su experiencia y sensaciones al relacionarse con espacios, personas y objetos de su entorno.

Siempre cuento la anécdota, no sé hasta qué punto cierta porque se cuenta de muchas maneras, aunque enormemente didáctica, acerca de Winogrand cuando le preguntaron sobre qué tipo de fotógrafo era, si se consideraba un fotógrafo de calle. Él responde que en ese momento estaba haciendo un trabajo sobre animales en el zoo de Nueva York y que eso no lo etiquetaba como fotógrafo de animales. Winogrand sentenció que lo que le definía como fotógrafo no era dónde y sobre qué hacía sus fotos sino su mirada. En este sentido soy muy categórico: Nadie tiene derecho a decirte qué es fotografía de calle o no, existen tantas definiciones como fotógrafos. Al fin y al cabo, todos los fotógrafos, necesitan espacio y luz. Por lo tanto, me rebelo a que etiqueten una fotografía como de calle cuando hay un contraste de luces y sombras como hacía Metzker y cuando se fotografía una mano sosteniendo un pez dentro de una bolsa de agua, o un palo apoyado en una pared es fotografía de autor. Las fotografías o los trabajos fotográficos emocionan o no y eso es lo que las hace interesantes, hacen que te detengas ante ellas, cuando sugieren, ofrecen varias lecturas al espectador, hacen que te hagas preguntas.

Yo me enamoré de la fotografía, como muchísimos otros, viendo las fotografías de los maestros del siglo XX, Walker Evans, Robert Frank, Winogrand, Egglestone, Meyerowitz, Ray Metzker, Harry Callahan y Stephen Shore, donde ya entonces se les llamaba maestros y no Street photographers. Las clasificaciones y etiquetas vinieron después e hicieron mucho daño. Ellos hacían fotografía de calle cada uno con una mirada independiente, original acerca de sus viajes becados, y sobre todo retrataban sus lugares de residencia con posterioridad. En sus composiciones, convivían la crítica social en mayor o menor grado con composiciones deslumbrantes, pero sobre todo tomaban el pulso de la sociedad de su tiempo. Por suerte, a finales del s.XX y ya en El s.XXI surgieron muchos nombres que me acompañaron en la búsqueda de esa mirada personal que todos anhelamos, como Lorca di Corcia, Bruce Davidson, Trent Parke, Gregory Halpern, Gueorgui Pinkhassov, Mark Steinmetz o el más reciente khalik allah. En España me gustaría resaltar los trabajos de fotografía de calle de Orietta Gelardin, Rodrigo Roher y David Salcedo.

Conforme fui aumentando la producción y calidad en mis fotografías sentí curiosidad por hacer talleres en otras ciudades y por asistir a visionados, a los que animo a todos los que empiezan y lleven 2 o 3 años produciendo imágenes fotográficas. Si eres sociable, conoces a gente interesante y amplias tus contactos, los cuales pueden ayudarte en el futuro. Te lo pasas bien y es gratificante, pero tiene un tiempo limitado, llegado el cual debes dejarlo y seguir tu camino. Como curiosidad hay una frase que se repetía en todos los talleres y es cuando los profesores te decían: La calidad de tu trabajo se medirá por tus 3 peores fotos. Incluso lo he escuchado recientemente en una conferencia por redes en clase. Yo me rebelo contra eso, tu calidad como persona no se mide por lo peor de ti, nadie habla así en otras profesiones. Por ejemplo, nadie diría que el talento de Berlanga se mide por su peor película, nadie habla de ello. Se mide por sus mejores trabajos. Yo creo que la calidad de tu trabajo se mide por tus mejores fotos y las peores te hacen más cercano a la gente que te rodea. Yo puedo tener una foto buena por cada mil malas como poco y no me preocupan las malas que enseño, me ayudan a mejorar las próximas.

En estos años que llevo practicando la fotografía he entendido que el que quiera crecer como fotógrafo, de calle o no, independientemente de su profesión debe apoyarse en 3 conceptos clave:

En primer lugar, entender el concepto de instante. Sabemos que la fotografía va de capturar el instante, pero lo que no todos entienden es que el instante no siempre ha significado lo mismo en todas las épocas. Para Walker Evans y Dorothea Lange el instante tenía mucho que ver con la dignidad de sus retratados, el instante fue decisivo para Cartier Bresson. Para Robert Frank se trataba de los instantes entre instantes decisivos, Para Paul Graham en el instante intervenía la relación entre el espacio y el tiempo y, para el más cercano a nosotros en el tiempo, el colombiano Felipe Romero Beltrán, el instante está basado en una experiencia anterior que representa una observación de varios instantes previos. Para nosotros, el instante será lo que queramos que sea, no hay límites.

En segundo lugar, vital para crecer en nuestro trabajo fotográfico es aumentar de manera constante nuestra cultura visual. En fotografía todo suma, y conviven las miradas más tradicionales con las contemporáneas. Conocer los trabajos de otros fotógrafos, tanto históricos como contemporáneos, permitirá enriquecer nuestras imágenes con miradas completamente distintas a las nuestras y además, mejoraremos de manera exponencial nuestro criterio fotográfico. Así, conoceremos que la narrativa contemporánea va por unos derroteros completamente diferentes a la narrativa de hace 50 años, más documentalista y cercana al fotoperiodismo que la actual, mucho más emocional, poética y evocadora, como vemos en los trabajos de Alexandra Sanguinetti, Gregory Halpern, Laura Pannack o Alec Soth. Todo lo anterior me ocurrió cuando me matriculé en el Ciclo formativo de grado superior de Fotografía en la Escuela de Arte de Sevilla, donde tuve la suerte de tener unos excelentes profesores que me transmitieron su amor por la fotografía, por eso reivindico una escuela pública de calidad.

En tercer lugar y en base a los dos anteriores, construiremos nuestra mirada, personal e intransferible, porque no sólo se basa en nuestra cultura visual y nuestro trabajo fotográfico, sino en nuestra experiencia vital, lo que amamos, nuestras emociones, nuestras lecturas, lo que vemos y oímos, nuestra relación con el mundo. Nuestra mirada se construye con el tiempo, es una carrera de fondo, no de velocidad. Nuestro trabajo será más interesante en tanto que hable más de nosotros.

@ Manuel Ibáñez

Fdo: Manuel Ibáñez. Profesor Fotografía en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Soria

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