Autor: Marta Herrero
“La mujer artista es sencillamente ridícula” RENOIR
“El arte es ajeno al espíritu de las mujeres” BOCCACCIO
Este artículo pretende ser un pequeño recorrido por las aportaciones de autoras y autores que han documentado esta ausencia, visibilizando esa otra mitad necesaria para comprender la historia del arte. Desde mi perspectiva entiendo y trabajo un feminismo alineado a la escritora Siri Hustvedt, que habla del feminismo como una forma profunda de humanismo, una cuestión de ética social, porque la deconstrucción* del sexismo es una causa común, implica a mujeres y hombres. Se trata de construir un nuevo modelo de sociedad, una nueva forma de vivir que nos afecta a unos y otras.
*Deconstrucción entendida como un proceso de revisión y concienciación interna necesaria para posteriormente crear una nueva basada en el respeto y la igualdad.
La realidad a este respecto nos muestra, con datos objetivos, que queda un gran camino por hacer, por construir de forma conjunta, hombres y mujeres, porque esto no va de sexos, sino de justicia social. Así lo documenta por ejemplo Ana Lòpez- Navajas, investigadora de la Universidad de Valencia, en 2014 publicó un estudio donde demostró que los referentes femeninos en los libros de texto españoles eran del 7,6%. Lo que indica que tenemos una versión de la realidad sesgadamente masculina.
Otro estudio publicado en 2019 indicaba que, en las colecciones de dieciocho grandes museos de Estados Unidos, el 87% de las obras eran de hombres. En la actualidad un 1% de mujeres está representada en la National Gallery de Londres. En este museo la primera gran exposición individual de una artista histórica, Artemisa Gentileschi, no se realizó hasta 2020. Por su parte, Manuel Jesús Roldán en ‘Eso no estaba en mi libro de Historia del Arte’ (Almuzara) documenta que la realidad en nuestro país en este sentido, no cambia mucho; en el Museo del Prado, hay obra de más de 5.000 hombres y tan solo de 53 mujeres. De las cerca de 8.000 pinturas catalogadas (expuestas y en los almacenes), solo cuatro de artistas mujeres se exhiben.La pinacoteca nacional dedicó, por primera vez en sus dos siglos, una exposición en exclusiva a una mujer en 2016. La pintora flamenca barroca Clara Peeters fue la encargada de romper el tabú del patriarcado artístico.
Estas mujeres, no sólo no aparecen en los libros de arte, tampoco suenan, por culpa del concepto de Historia del Arte procedente del siglo XIX, época en la que se vetó la independencia creadora de la mujer por la moral burguesa, relegando al género femenino a una condición hogareña. Una discriminación que, además, se estandarizó cuando se crearon los grandes museos europeos. Tampoco ayudó la visión de muchos grandes hombres del arte que se despacharon con opiniones similares a la de Renoir: “la mujer artista es sencillamente ridícula”.
El resultado, como dice Manuel Jesús Roldán, se ha obtenido una visión androcéntrica del arte que ha borrado a muchas pioneras que merecen un lugar destacado, empezando por Ende, considerada la primera pintora de la historia, una copista encargada de iluminar códices en el siglo X,o, por Hildegarda de Bingen, una monja benedictina que fue pionera en el campo de la música, la literatura y la pintura. Otras mujeres a destacar a lo largo de la historia son Artemisia Gentileschi, una pintora que llegó a gozar de una notable consideración en la Italia del Setecientos aunque su fama decreció tras su muerte. Artemisia Gentileschi,es para muchos, la primera pintora feminista de la historia. En el mismo siglo en España despunta la sevillana Luisa Roldán, más conocida como La Roldana. Dominó la talla de madera y barro, fue escultora de cámara de Carlos II y Felipe V y suyas son tallas como ‘Entierro de Cristo’, que se exhibe en el Met de Nueva York, o el gran ‘San Miguel Arcángel’ del Escorial.
Así, ahondando en la desigualdad entre hombres y mujeres en el arte, podemos decir que por ejemplo, el precio más alto alcanzado en una subasta por una mujer artista viva, (Inclinada 1992, de Jenny Saville) fue solo el 12% del precio más alto alcanzado por un artista vivo masculino, (Retrato de un artista 1972 de David hockney).
Ante esta realidad global, la escritora Katy Hessel, un día decidió escribir “mujeres artistas” en Instagram, no aparecía nada, así nació @thegreatwomenartist, katy, se propuso hacer publicaciones diarias donde destacar a artistas, siete años después escribió el libro “Historia del arte sin hombres” para destacar a las artistas excluidas de los libros. Según ella misma dice, este libro se inspira en el título de la llamada “Biblia” introductoria a la historia del arte, La historia del arte, de E.H. Gombrich. La primera edición de 1950 no incluía a ninguna mujer, la decimosexta a una. Ella decidió investigar y escribir la otra parte de la historia del arte, la que recoge a esas mujeres artistas imprescindibles para entender una época.
Los artistas señalan momentos de la historia a través de un medio expresivo único y nos permiten, gracias a sus obras, dar sentido al tiempo en el que desarrollaron su obra. Ver el arte desde la variedad de personas nos permitirá tener una imagen real de la sociedad, la historia o la cultura en su conjunto, dice Katy Hessel. Katy, en su libro, también señala dos hechos relevantes de usurpación de la autoría en el siglo xx, algo bastante común. El primero es la obra “Fuente” asignada a M. Duchamp, considerada una de las obras más influyentes del siglo XX, en realidad, se ha podido documentar, que la autora fue Elsa Von Freitag -Loringloven, aunque aún hoy se sigue cuestionando. El otro caso es el de Hilma af Klimt creadora del arte abstracto frente a Kandinsky como siempre se ha asegurado. La realidad es que el papel de la mujer en el arte ha sido siempre como objeto de representación, pero invisibilizada como sujeto creador.Cada gesto por contribuir a elevar a la mujer a la categoría que le fue negada es un paso más en lograr una sociedad mejor.
Fdo: Marta Herrero
Profesora de la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Soria.
