Unas buenas habilidades comunicativas son una parte esencial a la hora de transmitir, así lo expresó Baltasar Gracián en su obra El Discreto (1646) “saber y saberlo demostrar, es valer dos veces”.
Comunicar es un arte, sin embargo, no es algo innato, si no que se aprende con la práctica y se puede mejorar. Lamentablemente, nuestro alumnado suele encontrar dificultades a la hora de enfrentarse a las exposiciones orales lo que en ocasiones les genera ansiedad y frustración. Que no cunda el pánico: es cuestión de entrenamiento y de superar nuestros miedos.
Dictum y modus
Cuando nos referimos a la comunicación, distinguimos entre el dictum, es decir, lo que se dice, la comunicación verbal, y el modus, esto es, cómo se dice. Dentro del dictum se diferencia asimismo entre las estrategias dirigidas a hacer más comprensible nuestro discurso (contextualización, estructuración y densidad informativa) y las encaminadas a generar interés y buena disposición (aproximación y distanciación). Por su parte el modus comprende elementos paralingüísticos y no verbales (voz, contacto visual, gestualidad, gestión del espacio…).
Estrategias
Para acabar convirtiéndonos en unos buenos oradores podemos seguir las siguientes pautas:
-Practica: ya sea delante del espejo, de nuestra mascota o delante de un par de amigos. Repete tu discurso hasta que te canses de escucharte.
-Muévete: no eres una estatua, no permanezcas en un punto fijo
-Gesticula: eso genera cercanía y confianza, atraerás a la audiencia, pero no sobreactúes
-Cuida tu postura corporal: no des la espalda ni cruces los brazos, eso transmite distancia
-Mantén el contacto visual: mira a quienes te están escuchando, así te darás cuenta si te prestan atención y podrás reconducir tu discurso
-Juega con tu voz: no mantengas un tono monótono, intenta enfatizar tus palabras y recurre a preguntas para captar la atención
Pero, sobre todo, confía en ti, eso es fundamental.
Fdo: Nerea Sáenz Santolaya.
